En el marco de la celebración de los 40 años del Programa de Educación Biológica (PEB), estaremos compartiendo con ustedes diferentes experiencias únicas e irrepetibles vividas por nuestros exeducadores biológicos PEB y docentes MEP. En esta ocasión, compartimos el testimonio de María Teresa Cerdas Rojas, quien fue educadora biológica del PEB.
Aprender observando la naturaleza - Una lección inolvidable en Isla Bolaños
Sucedió en la hermosa comunidad de Puerto Soley hace poco más de tres décadas, durante mis inicios como educadora ambiental en el Programa de Educación Biológica (PEB) del Área de Conservación Guanacaste (ACG). Tenía a mi cargo la atención de niños y niñas de la zona costera, con quienes compartíamos conocimientos acerca de la historia natural de las especies y su interacción con los ecosistemas.
Llegó el día tan esperado por los niños y, por supuesto, también para mí. Muy temprano me desplacé en motocicleta, un vehículo que apenas dominaba y que formó parte de las muchas pruebas y aventuras que el destino me retaba a experimentar. Me esperaban en la playa un docente y cinco estudiantes de segundo ciclo de la Escuela de Tempate para iniciar nuestra aventura hacia Isla Bolaños, adonde nos trasladaríamos en el bote de un padre de familia.
Teresa Cerdas con sus estudiantes en Isla Bolaños
Esta pequeña isla, localizada en Bahía Salinas, es el único sitio conocido dentro del Área de Conservación Guanacaste donde anidan los ostreros americanos (Haematopus palliatus), donde se reproducen las tijeretas de mar (Fregata magnificens) y uno de los pocos lugares donde anidan los pelícanos pardos (Pelecanus occidentalis).
Ya en la isla, la brisa del mar y los fuertes rayos del sol envolvían nuestros cuerpos. Llenos de curiosidad, comenzamos a explorar y a tratar de interpretar todo lo que encontrábamos en aquel sitio. De pronto, el sonido de las olas, acompañado por el bullicio de una gran cantidad de aves marinas como piqueros, tijeretas y otras especies, se convirtió en un espectáculo que podíamos disfrutar tan de cerca que nos hacía sentir inmersos en aquella algarabía.
Pero lo más sorprendente estaba aún por venir.
Observamos a las fragatas, conocidas como las “piratas” del mar, que literalmente les arrebataban las presas a los piqueros. A primera vista parecía una injusticia. Veíamos cómo las fragatas perseguían a los piqueros hasta hacerlos soltar el pez que llevaban y, con una destreza extraordinaria, atrapaban la presa en el aire una y otra vez.
Nuestras miradas permanecían fijas en aquel acontecimiento tan cotidiano para la naturaleza, pero tan extraordinario para nosotros. De pronto, los niños levantaron los brazos, los agitaban y gritaban con el deseo de poder “ayudar” a los pelícanos y piqueros que eran perseguidos por las fragatas.
Aquella reacción espontánea reflejaba la conexión que habían logrado establecer con las especies que observaban y nos brindó una oportunidad invaluable para comprender que las interacciones en la vida silvestre son el sostén de un delicado equilibrio ecológico. Cada especie desempeña un papel fundamental dentro de los ecosistemas y, solamente al conocer estas relaciones, podemos entender la necesidad de protegerlas.
Vivencias como estas, nos permiten comprender como las interacciones en la vida silvestre, son el sostén de un delicado equilibrio en que interactúa las especies en un ecosistema y que, solo conociéndolo, podremos entender la necesidad protegerlo y disfrutar de los servicios ecosistémicos que directa e indirectamente brindan a las comunidades locales y al país.
Gracias a estas experiencias educativas, que durante cuarenta años ha facilitado el Área de Conservación Guanacaste a través del Programa de Educación Biológica, miles de niños y niñas han tenido la oportunidad de aprender en contacto directo con la naturaleza. Son experiencias que ocurren en los mismos ecosistemas que rodean sus comunidades y forman parte de la vida cotidiana de sus familias.
Bióloga María Teresa Cerdas Rojas
Febrero, 2026
