En el marco de la celebración de los 40 años del Programa de Educación Biológica (PEB), estaremos compartiendo con ustedes diferentes experiencias únicas e irrepetibles vividas por nuestros exeducadores biológicos PEB y docentes MEP. En esta ocasión, compartimos el testimonio de Luz María Romero Villalta, quien fue educadora biológica y coordinadora del PEB.
Donde el bosque enseñaba y el corazón aprendía
Hay trabajos que pasan por nuestra vida… y hay otros que se convierten en parte de nuestra esencia.
Durante muchos años tuve el privilegio de trabajar en el Programa de Educación Biológica del Área de Conservación Guanacaste, una experiencia que llevo profundamente guardada en mi corazón.
No era solamente un trabajo; era una forma de enseñar a amar y respetar la naturaleza. Nuestro objetivo era llevar a los estudiantes directamente a los diferentes ecosistemas del Área, para que pudieran vivir la experiencia con sus propios sentidos: Caminar entre el bosque seco, sentir la humedad del bosque lluvioso, admirar la magia del bosque nuboso, descubrir la vida en los manglares, costas y comprender la maravillosa dinámica de cada ecosistema.
Niños descubriendo el manglar en Refugio de Vida Silvestre Bahía Junquillal. Foto. L. María Romero.
Ver a tantos niños y jóvenes observar, preguntar, analizar y sorprenderse frente a ese mundo verde era algo verdaderamente especial. Cada gira, cada sendero y cada conversación dejaban huellas no solo en ellos, sino también en nosotros.
Fueron años de aprendizaje constante, de entrega, de conexión con la naturaleza y con las personas. Años llenos de recuerdos, amistades y momentos que marcaron mi vida para siempre.
Hoy, al mirar atrás, siento una enorme gratitud por haber formado parte de un programa tan valioso y humano. Porque hay experiencias que nunca terminan realmente… simplemente siguen viviendo dentro del corazón.
Llevo conmigo la certeza de que educar en contacto con la naturaleza tiene el poder de transformar vidas y sembrar esperanza para el futuro de nuestro planeta.
