En el marco de la celebración de los 40 años del Programa de Educación Biológica (PEB), estaremos compartiendo con ustedes diferentes experiencias únicas e irrepetibles vividas por nuestros exeducadores biológicos PEB y docentes MEP. En esta ocasión, compartimos el testimonio de Liz Brenes Cambronero, quien fue la primera educadora biológica del PEB.

Inicios del Programa de Educación Biológica en el Parque Nacional Santa Rosa, 1986

En 1986, trabajé en el Parque Nacional Santa Rosa como asistente de investigación de campo de los doctores Linda y Larry Fedigan, de la Universidad de Alberta Canadá, en un proyecto de investigación acerca de primates, y con el biólogo Frank Joyce con su tesis de doctorado sobre las aves y avispas que anidan en los árboles de cornizuelo (Acacia costaricensis sin. Vachellia collinsii), de la Universidad de Cornell. En ese año se publicó en el periódico La Nación un aviso de empleo para desarrollar en esta área protegida un Programa de Educación Biológica (PEB).

Al considerar mi formación dual como bióloga y además como educadora en enseñanza de las ciencias, me interesé en este nuevo programa, ya que me ofrecía un reto interesante. Solicité entonces, este puesto al Dr. Daniel Janzen, quien era la persona responsable de este futuro programa, el cual iba a ser financiado por la Fundación Noyce.

Le comenté al Dr. Janzen acerca de mi experiencia en el campo de la enseñanza de las ciencias. En 1984 y 1985 trabajé como asistente del proyecto de Clubes Científicos, que formaba parte de un programa denominado ARPAMEC (Asesoramiento Regional para el Mejoramiento de la Enseñanza de las Ciencias), desarrollado en la Sede de Occidente de la Universidad de Costa Rica, mismo que fue creado y desarrollado por la profesora Mayra Rodríguez Morales, de 1973 al 1992. 

Dicho proyecto de Clubes Científicos iba dirigido a una muestra de cinco niños, de cada V y VI grado de las escuelas del Circuito Educativo 01 de la Dirección Regional del cantón de San Ramón. Hoy Dirección Regional de Educación de Occidente. Estos estudiantes fueron seleccionados por sus educadores con base en su inclinación y gusto por las ciencias.  

En este proyecto de Clubes Científicos se implementaron prácticas integradas de química, física, biología y también, prácticas de campo cuyo objetivo fue la conservación de los recursos naturales.  Todas estas prácticas se realizaron en los laboratorios y en el Bosque Demostrativo de la Sede de Occidente de la Universidad de Costa Rica, bajo la modalidad del método inductivo. Método que permite que los niños “aprendan haciendo”.  No se les suministraba a los estudiantes teoría bajo clases magistrales sino que, con la aplicación de técnica de lluvia de ideas, se les planteaba preguntas para que los niños respondieran y de esta manera se guiaban para que construyeran por sí mismos los conceptos que se habían propuesto en los Clubes Científicos, como objetivos de aprendizaje.

Esta vivencia como educadora en la enseñanza de las ciencias, le llamó la atención al Dr. Janzen, ya que el trabajo que se solicitaba iba dirigido a los niños.

En cuanto a la experiencia como bióloga, le comenté al Dr. Janzen que yo tenía conocimiento de campo del lugar, debido a que me correspondía observar las tropas de monos congo y cara blanca del Corral de Piedra, sitio ubicado a un 1.5 km de la Casona, del área de acampar, del sendero del Indio Desnudo, entre otros y, además trabajaba con los cornizuelo (Acacia spp.) en lugar conocido como El Cafetal y las visitas a las playas Nancite, Naranjo y Tule. 

 

Ambas formaciones académicas y mi experiencia de campo de la biología y en la enseñanza de las ciencias con niños, contribuyeron para que me asignaran como encargada para crear y desarrollar el Programa de Educación Biológica (PEB) en este Parque.

El objetivo general era implementar procesos de enseñanza- aprendizaje, sobre aspectos biológicos del bosque tropical seco, dirigidos a una población de niños y niñas de escuelas ubicadas cercanas al Parque Nacional Santa Rosa, con la finalidad de que estos escolares tomaran conciencia de conservar el área protegida, y al considerar como sustento la premisa de que es importante conocer para valorar.

Ya con el trabajo asignado me di a la tarea de planificar el PEB.  Pensé entonces que sería bueno traer estudiantes de cuarto, quinto y sexto grado, dos veces al año, de manera tal, que, al concluir su primaria, habían recibido al menos seis sesiones de educación biológica en el parque nacional.  Se seleccionaron los seis primeros centros educativos, las escuelas de Colonia Bolaños, Cuajiniquil, Santa Cecilia, Quebrada Grande, Las Vueltas e Irigaray.  Además, se visitaron otras escuelas como la de Las Delicias y la de Dos Ríos de Upala, entre otras para empezar a dar a conocer el Programa e involucrarlas en el corto plazo.

En los albores del PEB correspondía también coordinar con los directores y educadores de esos centros educativos y la Dirección Regional de Liberia, todos del Ministerio de Educación Pública (MEP) para los permisos correspondientes y así se establecer las bases que permitieron la llegada de los niños al área protegida, así como el desarrollo del PEB.  También se visitaron todas las escuelas participantes para explicar a los docentes en qué consistía el nuevo Programa y su importancia, así como lo determinante de la participación de todos ellos.

Por otra parte, se tenía que resolver un reto, cómo trasladar a esos estudiantes al parque.  Entonces, acudí a la Guardia Civil, Comandancia de Liberia y al Comando Norte ubicado en el cantón de La Cruz para que nos apoyaran con el transporte, ya que ellos tenían pick up, marca jeep, los cuales eran muy grandes y tenían capacidad para trasladar grupos de niños.

Ambas comandancias accedieron a brindar ese apoyo dos veces a la semana, según correspondiera por cantón, con una advertencia: cuando hubiera alerta amarilla o roja (debido a las amenazas que se pudieran presentar en la zona limítrofe con Nicaragua, a raíz de la Revolución Sandinista), ese transporte obviamente se suspendería, como efectivamente ocurrió en muy pocas ocasiones durante ese primer año del PEB.

Paralelo a la búsqueda de permisos del Ministerio de Educación Pública y Guardia Civil también se planificaron las prácticas didácticas que se aplicarían a los niños.  Ejemplo: práctica sobre clasificación de hojas, huellas de mamíferos y con base en la experiencia de campo del área, se idearon otras. Así, por ejemplo, se idearon sobre las tropas de monos, acerca de aves que anidan en los cornizuelos.

Estas prácticas, se centraron en procesos de una ciencia creativa, dinámica y participativa.

Se aplicaron técnicas didácticas fundamentadas en los procesos científicos, como la observación, medición, clasificación, comparación, planeamiento de hipótesis, experimentación, interpretación de datos, entre otros.

También, estas prácticas se basaron en la integración de dos modelos didácticos: descubrimiento y construcción del conocimiento.

El descubrimiento se basa en la aplicación del método científico y sus procesos como estrategia didáctica. El constructivismo se centra en la construcción del conocimiento basado en ideas propias de los estudiantes y en la realización de actividades prácticas complementadas con un sustento teórico que respalde lo aprendido.

 

En un día de sesión se acostumbraba recibir a los estudiantes y al menos a un profesor acompañante, en el área de acampar o área administrativa.  En ese momento se les daba la bienvenida y se les motivaba a ellos en relación con el PEB y la práctica a realizar (Figura 1).

 Figura 1.  Introducción de una sesión de trabajo, inicios del PEB, Parque Nacional Santa Rosa, 1987.  Foto cortesía Daniel Janzen.Figura 1. Introducción de una sesión de trabajo, inicios del PEB, Parque Nacional Santa Rosa, 1987. Foto cortesía Daniel Janzen.

Posteriormente, nos desplazábamos al sendero correspondiente en donde se desarrollaba la práctica y al finalizarla nos devolvíamos al área de acampar o al aula para repasar los conceptos recibidos y concluir la importancia de esos aspectos biológicos para la conservación del parque y del ambiente en general (Figura 2). También se disfrutaba de un refrigerio que los estudiantes traían como contraparte del proyecto.

 Figura 2.  Conclusiones de una sesión de trabajo, PEB, Parque Nacional Santa Rosa, 1987. Foto cortesía Daniel Janzen.Figura 2. Conclusiones de una sesión de trabajo, PEB, Parque Nacional Santa Rosa, 1987. Foto cortesía Daniel Janzen.

Debo mencionar lo impresionante que era escuchar de los estudiantes el conocimiento biológico que tenían, debido probablemente a su cercanía y contacto con la naturaleza.  Las prácticas se desenvolvían con fluidez ya que ellos sabían mucho de las especies que observábamos y las preguntas sobre aspectos biológicos eran respondidas con facilidad (Figura 3). 

 Figura 3. Liz Brenes durante una experiencia vivencial con estudiantes del PEB, Parque Nacional Santa Rosa, 1987. Foto cortesía Daniel Janzen.Figura 3. Liz Brenes durante una experiencia vivencial con estudiantes del PEB, Parque Nacional Santa Rosa, 1987. Foto cortesía Daniel Janzen.

Eso sí, era evidente la pérdida de ese conocimiento conforme el estudiante habitaba más cercano al área urbana.  A veces se colaboraba con la administración del Parque y se recibían grupos de lugares alejados y los estudiantes venían con expectativas de ver animales de otras latitudes, confundidos un poco por el paisaje que se asemejaba al africano (la presencia del pasto jaragua y el relieve con poca pendiente se parecía a las sabanas africanas). Lo anterior, dio como resultado la elaboración de un libro para colorear denominado “Mamíferos de Costa Rica”, con el propósito de que la infancia tuviera la oportunidad de familiarizarse con las especies de mastofauna nuestra.  El libro incluía nombres comunes, científicos, una reseña de su historia natural y fue elaborado, y aprovechado en otras instancias a raíz de esa carencia detectada allá.

Al finalizar 1987, cada grupo escolar había efectivamente visitado al parque dos veces.  En la primera ocasión se llevaban a los educandos a La Casona y alrededores como visita obligada, ya que a pesar de que vivían muy cerca, pocos de ellos habían tenido la posibilidad de conocerla.  Se realizaba un repaso de la Batalla de Santa Rosa y se distinguía de la Batalla de Rivas, debido a que muchas personas creían que La Casona era el Mesón.  Los estudiantes se mostraban siempre muy interesados y se consideraba que era un compromiso cumplir con ese recorrido.  Esa primera visita era una motivación para que los estudiantes se interesaran en el PEB.

Figura 4. Liz Brenes en los albores del Programa de Educación Biológica, Parque Nacional Santa Rosa en estación seca. Fotografía: archivos del ACG.Figura 4. Liz Brenes en los albores del Programa de Educación Biológica, Parque Nacional Santa Rosa en estación seca. Fotografía: archivos del ACG.

Durante una de las prácticas implementadas nos encontramos con una serpiente mocasín Agkistrodon bilineatus, especie que recién ingresaba al país, y que es de comportamiento agresivo, se pensó en la seguridad de los estudiantes ante eminentes peligros.  Esto motivó la compra de polainas que cubrieran las piernas de los estudiantes hasta las rodillas, para protegerlos de una posible mordedura. Para lo anterior, se encargaron los 30 pares de polainas al talabartero, el Sr. Pastrana, en Liberia, ya que las polainas sólo existían para adultos (las utilizaban los sabaneros, guardaparques, investigadores). De ahí en adelante, los estudiantes del PEB las utilizan en los recorridos y durante las prácticas de campo, ya que además las polainas protegen contra espinas y golpes.

La administración del Parque siempre apoyó al PEB y accedió a facilitar la sala de una de las casas de los guardaparques, quienes también amablemente, cedieron ese espacio para la creación de un salón.  Esta aula se adecuó para recibir los grupos cuando fue necesario.  Esta sala se utilizaba especialmente al finalizar la práctica, para las conclusiones finales de cada sesión.  Además, se empleó cuando las condiciones del tiempo no permitían realizar las clases al aire libre, por ejemplo, en un día lluvioso.

Finalmente, el Programa despertó interés en otros circuitos de esa Dirección Regional y se solicitaba que otras escuelas fueran incluidas, aspecto que se atendió posteriormente, así como el logro de la adquisición de transporte más seguro para los grupos.

 Figura 5. Liz Brenes en visita al Dr. Daniel Janzen, recordando los inicios y logros del PEB, Parque Nacional Santa Rosa, 2019.                        Figura 5. Liz Brenes en visita al Dr. Daniel Janzen, recordando los inicios y logros del PEB, Parque Nacional Santa Rosa, 2019.

Después de 40 años vuelvo la mirada hacia atrás y me siento agradecida (Figura 5) por haber tenido esta oportunidad y satisfecha de haber iniciado este proceso y aunque para algunas personas hace falta la evaluación, estoy segura que en este caso ha sido una contribución al proceso de conservación de esta área protegida.

 

Escrito por: Liz Brenes Cambronero

Diagramado por: Albán Jiménez Céspedes

 

 

 

 

 

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